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Las mujeres, la Navidad y su realidad

 
Estamos en la etapa de las fiestas decembrinas, fechas de “amor y paz” en todos los hogares dicta el discurso… perdón por no poder evitar verlas con las gafas del feminismo. Perdón por observar el comportamiento social de las mujeres. Perdón si expongo algo de las miserias de un comportamiento que la mayoría de las mujeres esconde y excusa con argumentos confusos incluso para ellas mismas. En  otros casos, son perfectamente conscientes de la situación que viven y sin embargo: no modifican su comportamiento y siguen participando en roles que nos dañan, fomentando así una herencia que nos sigue degradando y  que dificulta nuestro posicionamiento social y cultural.
Esta temporada resulta muy evidente la presencia de las mujeres, es une etapa de consumismo y nuestra participación es muy activa, los aparadores son tentaciones inevitables; porque la mujer es así: consumidora. El 80% de lo que se consume es gracias a las mujeres.
Las estrategias de venta se han modificado en torno a las necesidades femeninas, porque las mujeres vivimos en una intensa búsqueda de satisfacción, de aceptación y de competencia. La publicidad nos envuelve, nos envía un seductor mensaje de satisfacción y placer, lo que nos permite dejar en lo más recóndito de nuestro ser, aquellos anhelos que sabemos que jamás cumpliremos.
El consumir productos que nos permitan lucir una imagen de belleza y glamour nos permite estar a la par de mujeres bellas, gastar en nuestra apariencia personal es una manera y  un intento de estar al día con otras, es acercarse a cumplir un estereotipo de belleza e incluso, una manera de evidenciar nuestro poder adquisitivo frente a los demás. Si le sumamos que la mujer también busca embellecer a la familia y a su casa, encontraremos que nos hemos vuelto sin darnos cuenta, esclavas de la industria publicitaria.
Ir de compras en una necesidad social de las mujeres, tener más acceso a productos que la hacen lucir bella le genera una recompensa psicológica, le lleva a pensar que está incluso por encima de las demás… cree que entre más compre más felicidad encontrará… sin saber que realmente es lo contrario: la gente feliz no compra ni consume en demasía.
Pero aquí viene lo peor: la búsqueda de cumplir con la imagen estereotipada de mujeres bellas o mejor dicho, la imagen que en este momento se plasma en las revistas, cine y otros medios de comunicación nos hace sentirnos exigidas a cumplirlo o al menos acercarnos a él. Aún a sabiendas que esta exigencia cambia con el tiempo y lo que se oferta en la publicidad siempre está ligado al cuerpo femenino; es así como las mujeres nos volvemos consumidoras y también objeto de consumo.
De pronto pareciera que las mujeres somos eso: un aparador de productos para el consumo masculino. Porque no nos engañemos, lo que nos interesa de la competencia con otras mujeres (en el sentido de vernos más bellas) es la aprobación masculina. El hecho de poder convertirnos en la favorita de las miradas masculinas.
Y esto nos lleva a otro panorama aún más desalentador: aceptar las condiciones masculinas para llegar a sentirnos (no necesariamente serlo) la favorita.
Y así llegamos a ver a mujeres que celebran la navidad solas o con los hijos y otros familiares pero sin la presencia del hombre que creen su pareja, porque este se encuentra sacrificado cumpliendo con sus obligaciones de esposo y padre en otro hogar. Pobrecito¡¡ él quisiera estar festejando con ellas pero sus obligaciones se lo impiden. Eso sí… en el mejor de los casos provee lo suficiente para los gastos, la casa donde es la celebración él la construyó y hasta el cepillo con que alisan su cabello corrió por su cuenta.
Realmente creen estas mujeres que eso es el amor y eso les demuestra que son las favoritas, que el hombre es el premio a su sacrificio de criar a unos hijos sola. El premio por ser una mujer luchona. Qué fiasco¡¡ otra vez creemos que el acceso a productos y servicios (en este caso regalos) es nuestra manera de demostrar y demostrarnos que somos felices.
Y está la contra parte: la esposa, la que a pesar de todos los devenires ha triunfado y en Navidad tiene al  marido y a los hijos, la que ganó el premio mayor. La que va a comprar los insumos necesarios para la cena navideña de su brazo. La que invierte en un buen vestido para la ocasión pues como es la esposa oficial debe verse como tal: una señora. La que puede exigir  ya que es quien mejor sabe que cuentan con los recursos necesarios para consumir lo que haga parecer a los demás que tiene un marido que es un buen proveedor, y que los frutos de su trabajo son derrochados en ella y su familia y que entre más gaste en ellos más prueba es de su amor y devoción.
Y aquí viene la mejor: la que tiene a su marido pero que sin embargo cree estar enamorada de otro, pero esta mujer es la que se cree la más fregona pues tiene alguien en casa que le da la medalla de ganadora y tiene al otro, al ausente. Esta mujer que piensa que es la manzana de la discordia y que tiene sufriendo a quien no está presente, la que hace saber a través de las redes sociales, que es ajena y que hay quien la cuide y proteja. La que envía publicaciones de todos los detalles de la vida maravillosa con su familia, la que manda el mensaje subliminal de “mira lo que tengo y arriesgo por ti” y si me quieres junto a ti, esfuérzate más… regularmente el ausente tiene mejor poder adquisitivo, de manera que tiene que demostrar más amor (regalos) que el marido.
También está la madre soltera que demuestra que no necesita a nadie, que sola puede proporcionar (comprar) a su hijos o hijos (casi siempre es solo uno) pero que vive con sus padres, esta mujer se cree una superwoman porque no necesita el apoyo del padre ausente y sin embargo en lugar de formar su propio espacio, se vuelve una rama más del árbol familiar y no se independiza. Eso sí: cumple todas las necesidades y caprichos del hijo (otra vez consume) para que el padre desobligado se entere que ella puede sola. También publica en redes sociales sus avances económicos y los detalles de la vida que proporciona al menor.
No nos engañemos¡¡ en todos estos casos está implícito el poder que cedemos a los hombres, la desvalorización de nuestras necesidades y la prioridad masculina.
Por último mencionaré a quien tiene todo mis respetos: la mujer independiente, que trabaja y estudia. La que sabe que de su mejor preparación depende la calidad de vida de ella y las oportunidades que pueda darle a sus hijos. La que con pareja o sin ella vive una intensa búsqueda del equilibrio económico, moral y emocional estando ella como prioridad, la que vive bien pero sin exageraciones, la que se ocupa de su apariencia por ser una de sus cartas de presentación sin llegar a preocuparse en demasía por imágenes estereotipadas, la que posee talentos particulares y que sigue tratando de mejorarse a sí misma y de ser cada día su mejor versión.
No podía olvidar a las minorías; esas personas de diversidad social y sexual que son excluidas y en estas fechas viven y sienten la soledad, donde invierten recursos para intentar ser acordes a una identidad propia, lo que al mismo tiempo les genera más discriminación y que esta fecha lo resienten más, algunos son evitados por la familia o condicionados a ocultar su “diferencia” para no avergonzar a los demás integrantes.
Ya basta de creer que el feminismo es el hecho de ser aguerrida en batallas que no tienen razón, basta de creer que esta lucha tiene que ver con una liberación conductual o una pereza hacia lo doméstico.
El feminismo es una forma de vida donde se persigue que la mujer sea un individuo independiente, respetado y valorado económica, emocional, cultural y socialmente para beneficio de todos, es la búsqueda de un piso común.
Ojalá las mujeres nos dejáramos llevar por nuestro deseo, ojalá tuviéramos la valentía de dejar que este nos poseyera y nos hiciera estremecer…  de mirar cómo se nos eriza la piel y no controlarnos si nos hace gritar, o gemir o callar… dejar que este entre en todo nuestro sistema y razonar lo que nos causa… y que venga de dentro, del interior de nosotras mismas… no de otro, no de un ajeno… dejar esa orfandad que sentimos si estamos solas… ese deseo es nuestro, lo hago mío… y de ahí partir para forjar el camino de nuestras vidas…

Sobre Alma Rosa Olvera Santos

Ganadora del III lugar en narrativa en el VI concurso internacional de poesía y narrativa VIVENCIAS, organizado por el Instituto Cultural Latinoamericano, en Junin, Buenos Aires Argentina con edición de audio libro antologado. Ganadora de mención especial en concurso internacional ELEGIDOS 2011 organizado por el Instituto Cultural Latinoamericano, en Junin, Buenos Aires Argentina con edición de libro antologado. Integrante de la Unión Hispanoamericana de Escritores y de la Sociedad Venezolana de Arte Internacional. He escrito algunos trabajos para programas de radio por internet en Centro y Sudamérica. Colaboradora en Visión de Mujer

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