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Haz que tu vida en realidad valga la pena

 

Mientras cocino para mi familia, no puedo evitar recordar cuando mi madre nos cocinaba a mis hermanos y a mí… continuamente en los últimos años he recordado con nostalgia momentos de mi niñez; ahora me doy cuenta que mi familia era de recursos económicos limitados. Este descubrimiento es reciente, pues en su momento no lo percibía de esa manera, la verdad es que los recuerdos de mi infancia no incluyen carencias. Si bien no pasaba desapercibido mi zapato roto, no había motivo para angustiarse, mis amigos de infancia traían los suyos igual… y nadie se burlaba de ello.
Recientemente me di cuenta también que la comida que mamá preparaba era muy líquida, nunca sospeché siquiera que tener diez hijos te obligara a poner un poco más de agua en los alimentos, para mí era la consistencia que mamá buscaba en sus guisados, que además eran exquisitos.
No olvido tampoco cuando llegó a casa una televisión, la primera en la cuadra por cierto, lo que en lugar de hacernos envidiosos con los demás vecinos, se convirtió en motivo de reunión todos los días en casa para ver el programa de Chespirito.
Recuerdo que corríamos libremente por la cuadra, no había tantos carros en la colonia donde yo vivía, ninguna de las familias de mis amigos tenía auto en casa, tal parecía que no los necesitaban, nunca escuché a nadie quejarse de ello.
Ahora entiendo porqué las salidas al cine o al circo fueron pocas, éramos muchos hijos como para que mi padre pudiera llevarnos a esos lugares continuamente… pero recuerdo las visitas a las cercanías del aeropuerto, donde veíamos despegar los aviones y mi padre nos contaba aventuras maravillosas que sucedían en los cielos. También recuerdo las fallas de luz que duraban horas, las cuales aprovechábamos para hacer figuras con nuestras manos que se reflejaban en las sombras, además que no faltaba el chistosito que fingía una voz grave y nos asustaba a todos los demás.
Nuestras salidas en ocasiones eran a la huerta del tío de mi padre, con infinidad de árboles frutales, nosotros corríamos entre ellos y a mi padre le encantaba que tocáramos la tierra y sintiéramos su textura en nuestras manos; siempre nos decía que no le tuviéramos miedo, que le debíamos amor y respeto.
Todo esto lo reflexiono porque en realidad un niño no requiere de tantas cosas para crecer bien, somos nosotros los adultos quienes nos hemos dejado llevar por las tentaciones de un sistema que nos envuelve para consumir, donde la clase media no hace sino comprar deudas… no es acaso algo parecido a las tiendas de raya? Ahora sucede lo mismo, según aprovechamos las promociones de meses sin intereses, pero lo único que hacemos es comprometer un ingreso que aún no trabajamos ni recibimos.
Nos hemos ido esclavizando, hemos ido convirtiendo en necesidades, cosas triviales, cosas que no son importantes, nos hemos ido vendiendo para obtener comodidades que nos hagan olvidar lo infelices que en realidad somos; hemos cambiado la emoción de abrazar a un ser querido por la falsa emoción de estrenar un auto mejor que aquel que le vimos a nuestro amigo. No sabemos quedarnos atrás de nadie, pareciera que vivimos compitiendo.
Es una lástima que hayamos perdido la facilidad para intercambiar momentos de contacto físico y visual, ahora nuestra manera de demostrarle a alguien que es apreciado es por medio de un mensaje frío y escueto; con o sin emoticones, los medios electrónicos son fríos e impersonales.
Ojalá dejáramos de competir… como cuando tenemos a nuestro primer hijo, dejar de pensar quien irá al mejor hospital para dar a luz, quién tiene la recámara del bebé más lujosa o el pediatra más prestigiado. Y no digo que haya comodidades y lujos que nos estén vetados… de lo que se trata es que esos lujos no sean nuestras prioridades… que no sean nuestro motivo para levantarnos cada día… se trata de que entendamos que hay personas que deben ser para nosotros lo más importante del mundo y ellos deben ser nuestro motivo para cada día brindarles un abrazo, una caricia y unas palabras que hagan que esta vida en verdad valga la pena.

Sobre Alma Rosa Olvera Santos

Ganadora del III lugar en narrativa en el VI concurso internacional de poesía y narrativa VIVENCIAS, organizado por el Instituto Cultural Latinoamericano, en Junin, Buenos Aires Argentina con edición de audio libro antologado. Ganadora de mención especial en concurso internacional ELEGIDOS 2011 organizado por el Instituto Cultural Latinoamericano, en Junin, Buenos Aires Argentina con edición de libro antologado. Integrante de la Unión Hispanoamericana de Escritores y de la Sociedad Venezolana de Arte Internacional. He escrito algunos trabajos para programas de radio por internet en Centro y Sudamérica. Colaboradora en Visión de Mujer

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