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Te presento la historia de José de Veracruz

Por Alma Rosa Olvera Santos

@AlmisOs

La historia de José es como la de muchos pescadores del estado de Veracruz, su padre y su abuelo vivían de la pesca. José se hizo pescador desde los ocho años, cuando corría la década de los ochenta. Su vida pasaba de manera apacible y  agradable para él, se levantaba en la madrugada para preparar su bote para la pesca y se dirigía a perderse en el lago La Antigua, donde la pesca de róbalo es muy buena y le da lo suficiente para vivir. En unas horas su labor le dará frutos y regresa a su hogar por la tarde, llevando con él la mercancía que venderá en el mercado del pueblo y tendrá lo suficiente para que su familia subsista toda una semana sin problemas.

Él está feliz con su vida: tiene a su esposa, un paisaje rodeado de palmeras, agua, el clima caluroso le agrada y se dedica a lo que más ama en la vida; pescar. No necesita más de lo que tiene; sin embargo, su esposa no es feliz. Ana se crió en el D.F. y conoció a José en un viaje a Veracruz. Se enamoraron y se casaron, aunque no tuvieron hijos. Ella cree que las aspiraciones de su marido son muy pocas, deseaba que él intentara generar ingresos extras y procurar una vida mejor, vestir otra ropa que no sean camisetas y huaraches, pasear en auto, salir de vacaciones, visitar el salón de belleza, tener amigas, pero sobre todo, ser gente de la capital.

Las discusiones en el hogar de José fueron en aumento conforme pasaba el tiempo, su vida ya no era tan tranquila y la pesca, que era su mayor orgullo, empezó a parecerle mediocre cada que su esposa comparaba su actividad con las que ella conocía de la ciudad. Cedió a los deseos de su esposa y se trasladaron a la capital. Aprendió a vestir como la gente de allí lo hacía, a subir al metro, a oír malas palabras, a defenderse de los ladrones, a llevar cuentas del dinero. Para subsistir empezó a vender los platillos típicos de su región, la gente de la capital disfrutó de la comida que él preparaba con ayuda de su esposa. Pronto la demanda era tal y las ganancias también, que se vio en la necesidad de rentar un  local dentro de un mercado. El ruido de la gente, los perros callejeros que rondaban el mercado, los indigentes, los drogadictos y hasta los ladrones le parecían una gran atracción, en su pueblo no había nada de eso y le generaba gran curiosidad. Era una nueva vida para él.

El negocio creció, y el dinero que llegaba era tanto que compró una casa en una colonia acomodada; el puesto en el mercado se convirtió en un restaurante, a solas disfrutaba del canto de los pájaros que revoloteaban alrededor de la gran fuente que estaba justo al centro.  En medio del jardín y la puerta principal, que se encontraba rodeada de helechos, abundantes y frondosas hojas verdes, disfrutaba de momentos en que evocaba su tierra. Pero estos momentos cada vez eran más esporádicos, el negocio había crecido tanto, que cada vez tenía menos tiempo libre; durante los cinco años fuera de su terruño no había descansado un sólo día. Le causaba dolor ver el rostro demacrado de su esposa y su cuerpo cada día más escuálido; en su pueblo las señoras eran regordetas  y le causaba extrañeza la extrema delgadez de su esposa. También notaba que su propio  rostro desentonaba con los de la gente de la capital, su tez era muy morena, su cabello muy negro, sus rasgos de gente de aldea le recordaban que ese no era su lugar.

Cuando pasaron los años y José y su esposa rondaban los sesenta, las discusiones seguían, su esposa tenía ya mucho tiempo quejándose de la carga de trabajo, de  que no tenían vacaciones, ni el tiempo necesario para disfrutar los  bienes   que  habían logrado con tanto esfuerzo. José no sabía que hacer, el negocio no podía descuidarse, ya varios empleados les habían robado,  no podía dejar que el negocio se viniera abajo, había sido mucho esfuerzo para lograr lo que tenían.

Poco tiempo después la esposa de José enfermó, el doctor le dijo que era un agotamiento extremo por la carga de actividades. Recomendó a José descansar y dejar el trabajo, por beneficio de su esposa y de él mismo, ya que en su cuerpo también el cansancio era evidente. Le dijo: José, tienes lo suficiente para vivir el resto de tu vida y el de tu esposa, tus negocios son exitosos, véndelos, no te necesitan más. Vete a descansar a un lugar lejos de este ruido, de este smog, haz lo que te guste y vive tranquilo el resto de tus días.  Para eso trabajamos toda la vida, para que llegue el momento de disfrutar con tranquilidad, sin sobresaltos y haciendo lo que más nos gusta.

Así lo hizo, José regresó a su terruño, ahora camina descalzo, se cubre con palmeras, come lo que pesca y recostado en su hamaca cada tarde disfruta la puesta del sol. Y sólo necesita para vivir, lo mismo que tenía antes de partir.

 

Sobre Alma Rosa Olvera Santos

Ganadora del III lugar en narrativa en el VI concurso internacional de poesía y narrativa VIVENCIAS, organizado por el Instituto Cultural Latinoamericano, en Junin, Buenos Aires Argentina con edición de audio libro antologado. Ganadora de mención especial en concurso internacional ELEGIDOS 2011 organizado por el Instituto Cultural Latinoamericano, en Junin, Buenos Aires Argentina con edición de libro antologado. Integrante de la Unión Hispanoamericana de Escritores y de la Sociedad Venezolana de Arte Internacional. He escrito algunos trabajos para programas de radio por internet en Centro y Sudamérica. Colaboradora en Visión de Mujer

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