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¿Qué es vivir en una de las ciudades más grandes del mundo?

¿Qué es vivir en una de las ciudades más grandes del mundo?

Ivette BenavidesLa vida comienza a las 6 am. Corrijo, la vida no comienza. Nunca termina en la otrora región más transparente de Carlos Fuentes.
Este circo empezó y no ha parado en más de 500 años.

¡Que hermoso mi barrio! Incluso ese domingo de guardar, reservado a buenas horas de sueño matutino, hasta que irrumpen en la onírica escena los tamales oaxaqueños.
Esos que jamás probamos pero soñamos a las 7 am del tan esperado descanso semanal y terminan por despertarnos a punta de bocinazos recordándonos que son calientitos y que los lleves.

La existencia parece detenerse y mas te vale encontrarle el lado espiritual a las coladeras y al semáforo que verás cambiar a verde y rojo tres veces antes de avanzar 20 metros un viernes de quincena. Aunque también aplica los miércoles de plaza o en general cada que un niño entra o sale de la escuela.
La ciudad regala la hermosa oportunidad de aprender a meditar en paseo de la Reforma mientras transcurren 2 horas inmóviles cortesía de algunos manifestantes.

Convivimos y hasta queremos a los personajes urbanos que han nacido aquí para nunca mas irse.
Ya sabes que pagas cuota al que pone una botella de agua Bonafont apartando el lugar de la calle. Ese que es tan amable que por 10 pesos la quita y te permite colocar tu vehículo. La custodia se paga aparte.
Personalmente ya soy hasta amiga del vagabundo de la colonia Cuauhtémoc. El también lucha por no desaparecer y agradece las galletas que le doy a la salida del Oxxo.

Capítulo aparte merece el limpia parabrisas. Aún no logro definir si es aliado o enemigo. La relación se entabla a través del vidrio del vehículo y la leyenda cuenta que si se mojan se reproducen. Creo que pronto dominaran el mundo.

Hay un personaje amargo que no tiene cuerpo ni materia, sin embargo, extiende sus tentáculos en toda la zona metropolitana y no hay quien se escape. Ese loco “hoynocircula”. Amado y odiado. Nos mete en líos con Uber y al mismo tiempo gana un poco la batalla a muerte que todos los días se libra contra ese otro monstruo llamado tráfico, regalándonos un poco de aire y espacio callejero aunado a los minutos que podemos llegar mas temprano. Entonces que? Le agradecemos o lo aborrecemos?

Es un arte sobrevivir aquí, un lujo encontrar la manera de disfrutarlo. Yo pago con gusto el precio (incluido la moneda del viene viene y la multa del parquímetro) a cambio de lo que me regala esta urbe mágica.
Aquí están mis recuerdos infantes, la mejor oferta gastronómica del mundo, 32 kilómetros de ciclo vía cada domingo último de mes y opciones para no aburrir jamás a nadie.
La ciudad que se puede disfrutar con 100 pesos y ofrece la tentación de gastar en ella millones en caso de tenerlos.
Esa aglomeración de personitas ha nacido de una mezcla de sangre, conquista, música, España, Aztecas (y un dos tres por todos sus prehispánicos compañeritos), garnachas, alta cocina, guadalupanos, ateos, libros y cómics. Su majestad D.F. Está tejida con alma, sueño, robos y esperanza.

No se quejen. Como dice mi admirada Cristina Pacheco: aquí nos tocó vivir. Disfruten lo sublime, corrijan lo que puedan, denuncien lo inaceptable y sigamos sorteando lo que va disparando este lugar donde los corazones nunca dejan de latir.

Les digo adiós y corro a ponerle otra moneda al parquímetro. Yo aun soy de las que con 100 pesos me las ingenio aquí, así que otra multa no la aguanto.
Chiao!

Sobre Ivette Benavides

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Un Comentario

  1. Hermosa recreación de una mañana … todo se parece a su autor.

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